Lunes , 06 de septiembre de 2010

Editorial

Viviana Giacaman, Encargada de Programas para América Latina, Freedom House

El azar ha hecho de Septiembre un mes controvertido: la segunda guerra mundial empezó y terminó ese mes. El 11 de Septiembre de 1973 fue testigo del dramático quiebre de la democracia chilena, y el de 2001 ha quedado en la retina global con el atentado a las torres gemelas de Nueva York. Un nuevo evento, más optimista, pero también con implicaciones para toda la humanidad, se agrega a las conmemoraciones del mes: el Día Internacional de la Democracia.

Convocado por las Naciones Unidas el año pasado para marcar el vigésimo aniversario de la Conferencia de Democracias Nuevas o Restauradas, el texto de la resolución anima a los gobiernos a reforzar sus programas de promoción de la democracia y llama a la cooperación internacional en la materia. Esta dedicación internacional a la democracia nos recuerda que este sistema de gobierno, y no otro, forma parte de los idearios y aspiraciones más fundamentales del hombre. No existe un día internacional de la monarquía, o una conmemoración del día de la teocracia o del caudillismo; existe uno de la democracia.

Con todo, la encuesta del Latinobarómetro nos muestra grandes variaciones en el apoyo a este sistema de gobierno desde un record de 63% en 1997, a un 48% en el 2001 para luego nivelar en 54% en el año 2007. Entre el 2006 y el 2007 el promedio de apoyo regional a la democracia disminuyó de un 58 a un 54%. Esta caída también coincide con los resultados del estudio anual “Libertad en el Mundo”, en que Freedom House analiza el estado de los derechos políticos y civiles en todos los países del mundo desde hace más de 35 años. Mientras América Latina junto con Europa Occidental sigue siendo la región con los más altos niveles de libertad, el estudio también subraya áreas muy importantes –Estado de Derecho, corrupción, y libertad de prensa, entre otros– en las cuales el desempeño gubernamental es todavía deficiente. A escala global el estudio de 2008 da signos de alerta, ya que muestra –por segundo año consecutivo— una reducción global de estas libertades. Esta es la primera vez en 15 años que el estudio muestra dos años seguidos de descenso agregado de la libertad.

Y es que, efectivamente, en diversos sectores del mundo hay renovados impulsos en contra de la democracia. Las razones son muchas y complejas y no es éste el espacio para analizarlas en profundidad. Sólo me permito hacer una pequeña reflexión: a menudo la democracia se enfrenta a una excesiva presión; a expectativas que van más allá de lo que este sistema en realidad puede dar, especialmente cuando las elecciones –elemento fundamental de la democracia– no están acompañadas de mejoras institucionales. El Latinobarómetro, como decíamos, muestra que casi la mitad de la población latinoamericana no apoya la democracia, y lo que es más llamativo, sólo un 37% en promedio se declara satisfecho con sus resultados. En contraste, una abrumadora mayoría, un 72%, reconoce que la democracia es el mejor sistema de gobierno, aunque la práctica democrática en su país no lo satisfaga.

Aquí parece residir una parte importante del problema: a pesar de un entendimiento de lo que la democracia es, lo que se espera de la democracia es mayor de lo que la democracia está en condiciones de dar. La democracia no promete ser la solución mágica a los problemas de desarrollo de los países, ni trae consigo respuestas a los desafíos de la criminalidad, inseguridad ciudadana, la corrupción, la pobreza y otros temas urgentes. La democracia solamente, pero muy significativamente, promete garantizar las libertades y derechos individuales de todos por igual, permite la participación de los individuos en los asuntos públicos y permite necesarios controles a quienes ejercen el poder.

Como nos recuerda Ronald Gamarra en su artículo para esta edición especial de DEBATE, el juicio que se lleva adelante en Perú contra Fujimori es una muestra palpable del significado del Estado de Derecho, como principio fundamental de la democracia. El ex Presidente, a pesar del cargo que ostentó, está siendo juzgado como un ciudadano más, a través de un proceso judicial imparcial y justo, al que el ex gobernante –como todos— tiene derecho. En esta edición de DEBATE mostramos también otras razones para el optimismo: un grupo importante de organizaciones e individuos que hacen de su misión el fortalecimiento de la democracia se han unido en una red hemisférica –la Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia— con la misión de unir esfuerzos para la promoción colectiva de la democracia. Hoy, en la primera celebración del 15 de Septiembre como Día Internacional de la Democracia, publicamos una declaración de la red. En ella, esta coalición reconoce los desafíos urgentes en la región y llama a los gobiernos y otros sectores a tomar medidas para profundizar las importantes ganancias democráticas alcanzadas hasta ahora. Freedom House se une al llamado de la red y saluda en solidaridad a todos quienes trabajan para que cada Septiembre haya más razones para celebrar.

.